Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar

Un monumento a la violencia invisible

Dos madres lloraban los feminicidios de sus hijas frente a una multitud, la noche del 25 de noviembre. Cada vez que se les quebraba la voz, un grupo de mujeres envalentonadas que se encontraba hasta atrás gritaban «justicia». Es un momento difícil para manifestarse teniendo en cuenta la pandemia, pero el llamado de las colectivas logró reunir a varias decenas, si no es que a un par de cientos de mujeres en la concentración por el día de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. 

Una artista feminista realiza la intervención al monumento a la Constitución la noche del 25 de noviembre. Foto cortesía: Jessica Orellana/EDH

Ante un silencio provocado por la solemnidad del momento, las madres se dirigían a un público de feministas, en su mayoría muy jóvenes, que escuchaban atentas con indignación y nudos en la garganta. María de los Ángeles Quezada era quien hablaba, la madre de Fernanda Nájera, una joven asesinada en enero de 2019 presuntamente por el padre de su hijo. No era la primera vez que María de los Ángeles respiraba, tomaba valor y gritaba frente a un micrófono en esa plaza. Pero esta vez eran muchas más quienes la escuchaban. 

Un par de meses antes, el 22 de septiembre de 2020, María de los Ángeles llegó muy temprano al monumento a la Constitución y se dirigió a los periodistas que en rueda de prensa parecían muy interesados en el caso de su hija. Ahí explicó, por enésima vez, que el caso de su hija no había sido tratado con eficacia por la Fiscalía. Que habían dejado libre al sospechoso de asesinar a su hija y abandonar a su nieto en un cafetal. Que el caso tiene dos años de haber iniciado pero las audiencias se siguen postergando, que el fiscal del caso no le contesta el teléfono. Lo repitió a varios de los medios que llegaron tarde esa mañana, como ya lo había repetido otras tantas veces y lo repitió también la noche del 25 de noviembre en esa plaza. Esta vez agregó: “se han burlado de mí porque soy pobre, no me hacen caso porque soy pobre”, a los pies del monumento que reza que “todas las personas son iguales ante la ley”. 

María de Los Ángeles llegó a la plaza a exigir justicia dos meses antes del 25N. La madre ha solicitado ayuda en varias ocasiones. Foto: Paula Rivera.

“Tus monumentos caerán”

Canción sin miedo, la composición de la cantautora mexicana, Vivir Quintana; sonaba en la plaza mientras las colectivas pintaban el monumento de rojo sangre. Echando un vistazo en redes sociales, era la misma canción la que sonaba en las manifestaciones en México, Argentina, Guatemala y varios países latinoamericanos.

«Que tiemble el Estado, los cielos, las calles

Que tiemblen los jueces y los judiciales

Hoy a las mujeres nos quitan la calma

Nos sembraron miedo, nos crecieron alas»

La base del monumento, sorprendentemente blanca, hacía contraste con la cúspide percudida y mohosa, señal de los meses que pasó en el abandono absoluto. Con los primeros acordes de la guitarra, las primeras manchas de pintura. Nadie veía venir el resultado final de la intervención que terminó en una especie de lienzo bañado de sangre en el que se leía la frase “Tus monumentos caerán”. 

«Yo todo lo incendio, yo todo lo rompo

Si un día algún fulano te apaga los ojos

Ya nada me calla, ya todo me sobra

Si tocan a una, respondemos todas»

El monumento al que pocas personas se acercan, si a caso para caminar un rato, obtuvo un significado reconocible para quienes estaban ahí. La violencia invisible, esa que se sufre en silencio, esa violencia de la que no se habla, adquirió una representación gráfica en el espacio público. Atrás de la tarima, entre todas las que se hacían fotografías, una joven le pedía a su amiga que le hiciera una fotografía delante de ese lienzo ensangrentado con su bebé en brazos. 

«A cada minuto, de cada semana

Nos roban amigas, nos matan hermanas

Destrozan sus cuerpos, los desaparecen

No olvide sus nombres, por favor, señor presidente.»

Una joven se fotografía con el monumento intervenido de fondo. Foto: Mónica Campos.

Abandono Estatal

Las organizaciones denunciaron ese mismo día el abandono de los tres órganos de Estado con respecto a la violencia contra las mujeres. Tampoco es la primera vez que lo hacen. Durante la cuarentena obligatoria, las organizaciones hablaban de un aumento en las denuncias por violencia de género y resentían la falta de un plan con enfoque de género por parte del ejecutivo. Mientras estábamos en encierro y los homicidios estaban a cero, las mujeres estaban siendo asesinadas en sus hogares y círculos de confianza. 

Solo en lo que va del 2020, se recibieron 2,514 denuncias de violencia sexual según un conglomerado realizado por la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM). A eso se le suman los 76 feminicidios ocurridos este año en medio de una crisis de falta de acceso a la justicia, donde varias mujeres han denunciado que sus casos quedan impunes y que instituciones como UNIMUJER  de la PNC bajó su nivel de operatividad. 

Más allá de este 2020 tan desesperanzador para las mujeres y las niñas, cabe mencionar el histórico abandono de la Asamblea Legislativa hacia una legislación que garantice el aborto seguro, legal y gratuito en cuatro causales: cuando la vida de la mujer está en peligro, cuando el embarazo es producto de una violación sexual o trata de personas, cuando exista una malformación del feto que haga inviable la vida extrauterina y cuando el embarazo es resultado de la violación de una menor. 

En contraste con el desinterés de todos los partidos con representación en el congreso salvadoreño, en el primer semestre de este año, cuatro mujeres buscaron ayuda médica por violencia sexual cada día. Según Observatorio de ORMUSA, 8 de cada 10 fueron niñas y adolescentes. 

Ruptura de imágenes

La mañana del jueves 26 El Salvador, como casi todo el mundo, se levantó con la resaca por el escándalo mediático que generó el fallecimiento de Diego Armando Maradona. Maradona, agresor consuetudinario y estrella del fútbol, murió el mismo 25 de noviembre. Ese mismo día, mientras miles lloraban al “dios del fútbol”, las madres salvadoreñas seguían llorando a sus hijas asesinadas sin generar en la población mayor indignación o revuelo. Y sobre todo, sin acaparar las portadas de los medios de comunicación y noticieros, que ese 26 maderearon y difundieron el rostro de Maradona como noticia del día, ignorando por completo la manifestación del Día Internacional por la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. 

Bastó la viralización del monumento pintado y la publicación de un par de medios digitales que calificaban el acto como “vandalismo”, para que la conversación cambiara, por lo menos en San Salvador. Esos mismos medios no estuvieron ahí para registrar el evento, ni para tomar declaraciones a las madres dolientes, ni para escuchar a las tantas otras mujeres que denunciaron abusos públicamente en la plaza. Pero la indignación por la intervención del monumento estaba ahí y también el debate.

Ese mismo día a tempranas horas, el alcalde de San Salvador, Ernesto Muyshondt, lanzó un tuit acompañado de fotografías donde también calificaba el acto de vandalismo. “Realizar actos vandálicos no es manera de defender o hacer valer nuestros derechos”, tuiteó. 

A las 4:00 p.m de ese mismo día, el monumento lucía más limpio que nunca, esta vez adornado con pintura azul en los bordes de los escalones. Mientras tanto, las madres tendrán que seguir esperando y seguramente regresar buscando quien las escuche en esa misma plaza, buscando un poco de justicia si quiera al manifestarse contra un monumento que reza frases engañosas.

Publicado por monicamps

Periodista, videógrafa y feminista salvadoreña.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: