Lissania Zelaya: “No podemos permitir que se judicialice la denuncia pública”

Algunas mujeres han decidido denunciar públicamente a acosadores y abusadores sexuales, ante la falta de acceso a la justicia. Este método busca la sanción social, a falta de una sanción legal. Las denuncias públicas han generado un debate entre quienes piensan que esa es la única forma de lograr un castigo para los agresores y quienes piden a las víctimas pruebas de los abusos a los que han sido sometidas. En El Salvador, el sistema judicial ha puesto un punto más en el debate y condenó a la actriz, Lissania Zelaya, por dar acompañamiento a una mujer en una denuncia pública contra Ricardo Mendoza, catedrático de la Universidad de El Salvador.

Lissania Zelaya, durante un performance en el centro de San Salvador. Fotografías cortesía: Menly Cortez

El 6 de enero de 2020, el Tribunal Sexto de Sentencia de San Salvador condenó a la actriz y defensora de derechos humanos, Lissania Zelaya, por el delito de calumnia. El proceso judicial contra Zelaya y su compañera, Guadalupe Hernández, se dio luego de denunciaran colectiva y públicamente a Ricardo Mendoza, catedrático de Teatro en la Universidad de El Salvador (UES), por acosar y abusar sexualmente a tres de sus alumnas. Hernández fue absuelta de los cargos, Zelaya, en cambio, deberá pagar $2,027.28 al catedrático, en concepto de daños. 

Zelaya ingresó como estudiante a la UES en el año 2006, inició clases en el taller de teatro en 2009 y se graduó de Licenciatura en Jurisprudencia en el año 2012. Un año antes, en 2011, los rumores sobre el acoso sexual en la UES, una situación que ella llama “secreto a voces”, la llevaron a organizar, junto a otras artistas, la Colectiva Amorales. Desde entonces, las Amorales se han caracterizado por un discurso teatral de choque, por escrachar públicamente a personajes que han violentado los derechos de las mujeres y por hacer pronunciamientos públicos en contra de la violencia machista. 

La activista asegura que decidieron hacer la denuncia pública, en el caso de Mendoza, por petición de una artista que solicitó el acompañamiento de la Colectiva Amorales. La denunciante habría pedido el acompañamiento a sus colegas, luego de agotar las instancias en un proceso de denuncia dentro de la universidad, según Zelaya. Una universidad que no cuenta con un protocolo de atención para víctimas de violencia de género. Amorales ha acompañado a víctimas como la del caso de Boanerges Osorto, un catedrático que fue cesado de su cargo y que enfrenta un proceso en tribunales por agredir y amenazar a una de sus alumnas.

En el proceso judicial, tres mujeres testificaron en contra de Mendoza, las tres describieron un mismo patrón de conducta de parte del catedrático, sin embargo, la jueza desestimó los testimonios y los calificó de “aislados”. Ese es uno de los principales puntos que recoge el recurso de apelación, interpuesto el 18 de enero del 2020, con el cual Zelaya busca que se anule su condena. 

¿Cómo llegaron a ustedes las denuncias contra Mendoza?

Este caso de Ricardo Mendoza, tuvimos conocimiento varias de nosotras porque fuimos estudiantes de la Universidad de El Salvador, porque es algo que todo el mundo sabe, es como de esos secretos a voces. Y también porque nosotras estuvimos en el elenco del Teatro Universitario. No en el elenco de este señor, porque dentro de la Universidad de El Salvador, habían en ese momento, todavía hay, dos posibilidades: una, que estuvieras en los talleres de teatro universitario y la otra que eran las clases que tenía este señor que era el diplomado de teatro. 

En el 2011 tuvimos un encuentro, viajamos a Panamá y coincidimos con los compañeros que también estaban en el diplomado. Ahí fue la primera vez que yo tuve conocimiento de las cosas que hacía este señor, de los tipo de ejercicio que hacía este señor. Ahí fue donde por primera vez escuchamos, de boca de una compañera decir: “este señor a mí me pidió un desnudo y a mí me parece bien raro, vea, porque me ha pedido que vaya a su oficina y estando en su oficina me dijo que me ofrecía el papel protagónico de una obra de teatro, pero que yo tenía que hacerle un desnudo”. Entonces esta chica le había dicho que no. Y como que el señor había tomado ciertas actitudes en el taller a partir de la negativa de ella, como por ejemplo decirle: “¡Ah, estás gorda!”, hacerle comentarios sobre su cuerpo.

Ya años después comencé a trabajar con las Amorales, ya cuando comencé a tener conciencia de toda la violencia que se vivía en el ámbito teatral, no solo violencia sexual, sino también violencia psicológica. Comenzamos a decir lo que nos molestaba a través del performance. En el 2012, 2013, no me acuerdo qué año fue, en una de nuestras primeras campañas en redes sociales, sacamos un post que decía que contáramos nuestras experiencias. En ese entonces nosotras quizá estábamos respondiendo como a… a lo que ya nos quedaba pues… por… por hacer. Porque dentro de la Universidad de El Salvador todas sabemos que si vos denuncias, o los procesos pasan años ahí o de todos modos el catedrático, como es un catedrático de planta, te dicen que no lo pueden quitar; no lo sancionan, los procesos no avanzan. 

¿Ustedes saben de denuncias formales interpuestas en la UES en contra de Mendoza?¿Cuál es el proceso para denunciar acoso sexual dentro de la universidad? 

Bueno, de denuncias formales dentro de la Universidad de El Salvador no hay. ¿Por qué?, porque no existe un protocolo de atención a personas y a mujeres víctimas de violencia de género. No existe un protocolo que te diga: bueno, vos sos víctima, entonces aquí está lo que vos tenés que hacer. Tal instancia te va a ayudar, tal te va a prestar atención psicológica, tal va a hacer el peritaje. No existe eso.

En el proceso judicial, parte de nuestra estrategia fue presentar testimonios de tres mujeres. Dos de los casos eran en el 2005, eran compañeras y se respaldaba el testimonio de la una y la otra. Y está también el testimonio de otra chica, que cuando ellas lo cuentan, deja en evidencia un mismo patrón de conducta de parte de Mendoza. Una de ellas tenía 17 años cuando fue acosada por este señor. Ahora imaginémonos a una niña de 17 años, acabando de llegar a la Universidad de El Salvador, acabando de salir de bachillerato; que no conocés a nadie, no sabés nada. En realidad no nos educan desde pequeñas para la denuncia. No nos dicen: mirá, podés denunciar. No hay una cultura de la denuncia ni siquiera a nivel general. Entonces te encontrás sola y con miedo. 

Entonces, cuando decís que la víctima  agotó las instancias, ¿a qué te referís?

El problema es que agotar las instancias dentro de la Universidad de El Salvador es bien relativo, verdad. Porque vas a un lugar y te dicen: no, tiene que ir allá. En este otro lugar te dicen: no, es que eso le corresponde a tal. Entonces ella lo que hizo, según lo que le dijeron en ese momento, fue ir a dejar una carta de queja en la Secretaría de Cultura de la Universidad de El Salvador. Ella cuenta que fue y dejó ahí esa carta, pero después ya no le dio seguimiento porque ella tuvo miedo. Cuando ella regresó, al tiempo, a preguntar; ya le dijeron que no, que no había ninguna carta, que ella no había entregado ninguna carta. 

¿Y cómo surge el activismo feminista en la UES? ¿Cómo deciden a partir de estas experiencias tomar acciones? 

A partir de todo esto, de que las bichas comienzan a contarnos y todo esto por redes sociales, nosotras empezamos a preguntarnos eso mismo. Puya, pero, ¿por qué las bichas no dicen nada, por qué no denuncian? También comenzamos nosotras a identificar otros tipos de violencia que se viven dentro de la Universidad de El Salvador que aparentemente son normales, pero que es el hecho de que tu catedratico te pueda decir comentarios acosadores en la clase y no pasa nada. Tus compañeros lo avalan, es una cosa bien avalada dentro de la Universidad socialmente. Entonces nosotras comenzamos a generar acciones como de denuncia anónima, porque nos dimos cuenta también de que había mucho miedo. Ese profesor te va a aplazar la materia o porque te dicen: “te vamos a dar la muerte académica”.

La primera vez que decidimos comenzar a acompañar así, directamente, fue a una de las mujeres que presentó su testimonio (en juzgados) y fue en el 2016, porque a raíz de la investigación que hizo Valeria Guzmán en La Prensa Gráfica, nos dimos cuenta un montón de mujeres artistas… ahí es que ya se vincula también afuera, pues, lo que pasa en el ámbito artístico y lo que pasa en la UES. Se ve vinculado en ese reportaje que ella hace porque vos ves el testimonio de muchas actrices que han pasado, que han vivenciado y que han sido testigas de la violencia que los directores ejercen y todos han quedado en la impunidad y todos tienen un mismo patrón conductual, y es el de hacerte creer que eso es el teatro. Y es el de hacerte sentir que vos sos la prejuiciosa por no quererte desnudar o por no dejarte tocar. Que vos sos la incapaz de hacer teatro. Entonces como vos sos incapaz de hacer teatro, sos mala actriz, no servís para teatro. ¿Entonces qué es lo que tenés que hacer vos, dejarte violentar? Y es una constante que vos ves cuando leés ese reportaje. Valeria nos buscó a nosotras porque ella ya sabía que nosotras ya habíamos hecho acciones, quizá así más pequeñitas, que no habían sido todavía muy visibles quizás, pero eran acciones que pretendían que las mujeres comenzaran a hablar. Entonces ahí fue que ella me entrevista, nos entrevista como Amorales, y damos nosotras nuestras declaraciones. Y no era solo un director acosador señalado con el mismo patrón conductual, entonces nos reunimos todas las mujeres artistas que estamos ahí involucradas e hicimos una reunión y en ese momento tratamos de hacer una articulación de mujeres artistas, precisamente para hablar de esos temas y comenzar a denunciar. En esa articulación fue que una de las compañeras contó su caso con Ricardo Mendoza, pero es la compañera que te digo que tenía 17 años cuando ocurrió el acoso, y en ese entonces ella ya había salido de la Universidad, ya era una mujer adulta, entonces la postura de ella era: “yo ahora puedo decirlo públicamente porque ya no tengo miedo de perder mi carrera, porque ya salí de mi carrera, ahora yo quiero hacerlo público, quiero que todo el mundo sepa que este hombre es un acosador, acompáñenme”. 

En esa reunión se decidió que la íbamos a acompañar a ella a una acción en el Cine Teatro de la Universidad de El Salvador. Eso fue en el 2016. No solo hicimos esa acción, hicimos varias acciones. Incluso fuimos a los Diálogos de Invierno, porque en ese entonces Fernando Umaña (señalado de abuso sexual) estaba trabajando en el Centro Cívico Cultural Legislativo (CCL), y la que estaba en el CCL como directora era Lorena Peña y Lorena Peña iba a estar en los Diálogos de Invierno. Nosotras hasta fuimos a los Diálogos de Invierno, entregamos volantes, hicimos varias acciones para visibilizar lo que estaba ocurriendo en la UES y con otras personas que también estaban vinculadas y que estas personas podían tomar decisiones al respecto. Porque si bien varios de estos casos no iban a proceder legalmente, por la prescripción del delito, que es una búsqueda que nosotras queremos llevar a la asamblea legislativa: la no prescripción de los delitos sexuales. Porque hay muchas mujeres que se tardan 30 años, hay mujeres que se mueren y nunca lo hablan. 

¿Y en los Diálogos de Invierno ustedes pudieron hablar con alguien del FMLN para contarles lo que había pasado? 

Pues fijate que nosotras en ese Diálogo de Invierno a quien acudimos fue a Lorena Peña. 

¿Y cuál fue su respuesta?

Fijate que le hicimos las preguntas y contestó evasivamente. Porque antes de que todos entraran, habíamos dejado, debajo de los programas, les habíamos dejado el comunicado. 

¿Esa es la acción por la que enfrentaron el proceso penal?

No, ese mismo año, mendoza presentó una obra con sus alumnos. Algunas vieron la obra y todo y al final, cuando iba a ser el foro, nos levantamos con carteles y parte de las pruebas que usaron en el juzgado era un cartel que decía “Queremos un campus universitario libre de violencia”. Otra de las pruebas era… o sea, eran carteles que decían “Fuera acosadores de la Universidad de El Salvador”, “Queremos estudiar”, cuestiones así pues. Y sí lo que… lo que sucedió ese día fue que el maitro negó y dijo: no, yo no. 

¿Él se pronunció en ese mismo momento? 

Sí, porque se leyó un comunicado, se hizo la denuncia pública. 

¿Qué decía ese comunicado?

El comunicado decía que habían estudiantes que habían interpuesto denuncias y que la UES no había respondido y que como no respondía, por eso nosotras decidíamos accionar en acompañamiento a las víctimas en esa denuncia pública. 

Otro de los videos que presentan como prueba es a una de las chicas que fue a testificar, en donde le dice: “vos me acosaste sexualmente”. Y él le dice: “yo no te conozco”. Le dice ella, “sí, mirame, vos sí me conocés. En tal año y tal año vos me acosaste sexualmente, no te hagás el pendejo”. Se escucha que ella dice eso y se da la vuelta y luego el video se ve todo movido. 

Y si hay tantas mujeres que denunciaron públicamente, ¿por qué la acusada y condenada sos vos?  

Ajá, esa es la gran incógnita y esa es la gran pregunta y esa es una parte de la apelación y de cómo decir no es el delito de calumnia. Porque el delito de calumnia se configura si, por ejemplo, yo tengo el ánimo y el dolo de hacerle daño a tu honor y a tu imagen por una cuestión personal, infundada y que es mentira. Pero el caso no es así. Entonces ahí es donde se verifica el principio de excepción de la verdad.  Que no soy solo yo la que realiza la acción. Yo acompañé la denuncia de compañeras, porque mi colectiva trabaja esto a través del arte. 

El otro acto de denuncia fue también dentro de la Universidad de El Salvador. En donde nosotras dijimos: bueno, no nos respondieron, verdad, no pasa nada, estos casos son públicos, verdad. Porque nosotras siempre anualmente tenemos una campaña contra el acoso y ya como que después fuimos más ordenando las ideas. Entonces montamos un circo viejo dentro de la Universidad de El Salvador, que es un performance, que también está basado en la técnica del scratch. El scratch es un tipo de performance que surge en el sur, después de las dictaduras de Chile y Argentina, en donde las personas montan festivales y carnavales. A la par de eso imprimen grandes banners en donde exhiben la cara de los torturadores, los militares, y de personas que participaron el la dictadura militar y que han quedado impunes. El objetivo es evidenciar esos rostros que cometen delitos y violencia y pretender pasar desapercibidos. Entonces nosotras en ese entonces comenzamos a hacer esa metodología, le llamamos “El Circo Viejo” y pusimos el rostro de varias personas acusadas de acoso sexual, entre ellos El Gordo Max y Ricardo Mendoza. 

Entonces así fue como nosotras nos comenzamos a meter a hacer activismo dentro de la UES. Luego acompañamos otro caso que hicimos presión que hicimos que sacaran al docente (José Boanerges Osorto), que fue el caso de antropología. Y casos así, pues, Ricardo Mendoza no es el único caso que nosotras hemos acompañado. 

¿Pero el colectivo es más grande, por qué solo a ustedes dos se les acusó?

Creo que era porque eran los datos que tenían a la mano. Primero, a mí me conocen porque era del Teatro Universitario. Segundo, porque o sea, yo he estado en las acciones. A mi otra compañera igual la identificaron no porque supieran su nombre, sino porque ella solicitó de manera formal el permiso para realizar el festival Circo Viejo dentro de la Universidad de El Salvador y las mismas autoridades de la Universidad de El Salvador le han facilitado los datos de mi compañera a este señor, datos que deberían de ser confidenciales. 

¿Y esas autoridades llegaron a presenciar las denuncias que ustedes estaban haciendo?

Como no, como no. Ese día incluso recuerdo que el de la secretaría de arte y cultura pasó por ahí, o sea sí saben de las denuncias. Todas estas denuncias no son ajenas a las autoridades de la Universidad de El Salvador. Si nosotras, mirá, hemos insistido en las redes sociales, en la vida real también, y por ejemplo en redes sociales, fue tanta nuestra insistencia que logramos en el contexto de este docente, de Boanerges, logramos instalar unas reuniones con Rectoría y con la unidad de género para poder generar un protocolo. El problema dentro de la Universidad de El Salvador es que el problema de las mujeres no es una prioridad. 

¿Y ese protocolo en qué quedó?

Primero nos invitaron así, nosotras decimos que era también para calmarnos, verdad, para callarnos. Y nos invitaron y nos pidieron la opinión y todo pero después ya no nos llamaron, llamaron a otras personas. Eso fue el año antepasado, 2018. 

¿Y quién las llamó?

De parte de rectoría. 

¿Como colectivo?

Sí, como colectivo Amorales. 

¿Y cómo valorás el proceso judicial que han enfrentado contra Ricardo Mendoza?  

La verdad que para mí, emocionalmente ha sido bien chocante, ha sido bien cansado. Cuando yo me di cuenta de la demanda estaba en Uruguay. Con otras compañeras de las Amorales habíamos ido a un encuentro de mujeres artistas latinoamericanas y… feliz y contenta de la vida, veá. Nos llaman de aquí de El Salvador y nos dicen: bichas, les ha llegado la notificación de un juzgado, a vos y a la Lupita. Ha de ser una cosa sencilla, decían las bichas. Y ahí fue cuando pedimos ayuda y alertamos a las organizaciones. La Red de Defensoras desde el primer momento nos prestó ayuda para ver qué es lo que pasaba. Y nos dimos cuenta que estábamos siendo denunciadas por Calumnia.

Para mí, emocionalmente fue bien feo. Yo estudié Licenciatura en Jurisprudencia y Ciencias Sociales. Yo siempre, al principio de mi carrera, estuve muy ilusionada con la práctica jurídica, pero después me di cuenta que no era como te lo pintan en las películas, verdad, los juicios orales y todo eso y me desilusioné un montón. Pero nunca me imaginé que yo iba a ser una imputada. O sea, la carga, el peso que tiene el hecho de que el sistema judicial pueda castigarte, o sea, es el monopolio estatal de la violencia ejercida sobre las personas de una manera legítima, pues, a través de comprobarte que cometiste un delito. Porque eso es lo que yo soy para el sistema, una delincuente condenada. Eso es lo que yo soy. Me da como rabia, verdad, porque al final es una… es una mujer la delincuente, no el que tanto ha jodido a tantas mujeres.

Y bueno, cuando se dio la primera audiencia que fue la de conciliación y que nos preguntaron si queríamos conciliar, nosotras de entrada, como colectiva nos posicionamos en que no, verdad, a pesar de que este ataque, a pesar de que nos han individualizado y es porque el sistema judicial te pide que individualicés, verdad. Vos no podés llegar y denunciar: denuncio a la colectiva Amorales, verdad. Entonces por eso se ha tenido que individualizar pero nosotras desde un principio lo consideramos un ataque hacia la labor de defensa que hace la colectiva dentro de la Universidad de El Salvador, precisamente porque este señor dentro del juicio él mismo ventiló que quienes lo han asesorado son las instancias que dentro de la Universidad de El Salvador deberían de proteger a las estudiantes, que eran la Fiscalía Universitaria y Defensoría Universitaria. Entonces el juicio, yo te digo: súper nerviosa cada vez que entraba. Afuera es una realidad y adentro es otra realidad. Ahí dijimos que no íbamos a conciliar y luego ha sido de un trabajo constante también de poder visibilizar el caso. 

Aquí no solo es un problema jurídico, es un problema político, porque están en juego un montón de cosas, pues. Si nosotras dejamos en firme esta sentencia, ¿qué va a pasar con otras mujeres que denuncian a nivel público porque sabemos que las instancias judiciales no nos responden ante el acoso sexual? ¿qué va a pasar con las mujeres del Me Too? ¿tendríamos que judicializar a todas las mujeres del Me too? No podemos permitir que se judicialice la denuncia pública, porque eso es una denuncia pública. Entonces siento que dentro del proceso no se ha escuchado tampoco a las víctimas, porque dentro de la estrategia fue presentar estos tres testimonios.

¿La jueza tomó en cuenta el hecho de que ustedes ejercen la labor de defensa de derechos humanos? 

No, no reconoció ni tomó en cuenta todas las acreditaciones y todo lo que nos avala a nosotras como defensoras de derechos humanos, ella me ha juzgado como si un día yo me levanté de mi casa y dije: bueno, ahora tengo ganas de joder a esta persona porque me cae mal. Así me ha juzgado esa jueza. No le aporta credibilidad, según ella, los testimonios de las tres víctimas que presentamos: no son vinculantes, son aislados, dice ella. Y eso es parte de lo que impugna mi abogada. Porque ella (su abogada) hace una línea donde dice que existe un patrón conductual de aprovechamiento de parte de un profesor, que hay una relación de poder, que hay una asimetría en cuanto a las edades de las estudiantes y del profesor en el momento en que se cometió el hecho. Por ejemplo, una tenía 17 años y el maitro ya tenía cincuenta y tantos años, la otra ya tenía 20 años y el maitro ya tenía 60. Y además es un docente. Entonces ella visibiliza a partir de los testimonios el patrón conductual de aprovechamiento que él ha hecho en base a su cargo como docente de teatro. 

El proceso en sí ha sido bien revictimizante para las mujeres que presentaron su testimonio, porque incluso se atrevieron a decirles: “bueno, ¿y por qué no cambió de docente, por qué no se fue?” Y una de ellas le dijo: “porque era mi derecho”. Y esas son cosas que no han entrado a ser parte de las valoraciones de la jueza. Ella desestimó totalmente los testimonios de las mujeres, a pesar de que ellas describen conductas de carácter sexual. Uno de los testimonios dice que él la llamó a un casting privado un día sábado y ella accedió, porque ella quería ser actriz, y fue al casting. Supuestamente él había llamado a varias personas de ese taller al casting, pero a diferentes horas. Supuestamente ella llegó al casting y él le dijo que necesitaba explorar la corporalidad. Entonces le dijo que se acostara en la duela, en el piso de madera y que se acostara ahí, que cerrara los ojos y que respirara profundo. Entonces dice que ella se acostó, cerró los ojos y comenzó a respirar y cuando sintió el tipo estaba encima de ella quitándose la camisa. Entonces ella lo apartó, lo empujó y ella le dijo que eso no le gustaba, que ella se sentía incómoda, que qué le pasaba. ¿Y qué es lo que él dice? Es parte del ejercicio teatral, no se confunda. Lo que ella hizo fue irse. Una joven de 17 años. 

¿Qué dijo él ante las acusaciones? 

No, él no acepta. Él lo que dice que esos hechos nunca han sucedido y que nosotros lo que hemos hecho es prefabricar el caso. Esa fue parte del argumento de la parte acusadora. ¿Te imaginás que nosotras vamos a tener tiempo en nuestra vida para prefabricar un caso de tal magnitud e inventarnos mujeres que denuncian públicamente que desde 1994 este tipo viene siendo un acosador? 

La otra compañera relató un hecho similar, en el que él, en un ejercicio teatral les dijo: vaya, cada quien se pone en un espacio en el salón, vea. Entonces ella cuenta que él le pidió que apagaran la luz, que cerraran los ojos y que les dijo que imaginaran que estaban teniendo un orgasmo y que si les costaba, él iba a pasar por donde ellos a ayudarles. Entonces dice que ella no hallaba qué hacer y entonces que de repente solo sintió que el hombre le agarró la chiche y le trató de meter la mano en el pants. Cuando le intentó meter la mano en el pants, dice que ella lo quitó, abrió los ojos y se fue. Incluso él, en la entrevista que le hace Valeria Guzmán, asume y dice: “sí, yo ya he pasado por acusaciones similares en el 2011”. En el 2011 nosotras ni sabíamos, ni sabíamos que íbamos a hacer todo esto, pues, que hicimos después en 2016. En 2016 nos íbamos dando cuenta a penas. En 2011 habían otras mujeres que lo habían acusado a él antes. Y se lo dice él a Valeria en el reportaje. 

¿Y vos creés que esta consecuencia, el hecho que Mendoza haya acudido al sistema judicial, es una consecuencia del peso del trabajo de ustedes como colectivo?

Sí, lo hemos valorado, lo hemos valorado porque o sea nosotras decimos: imaginate el poder simbólico del arte. A las personas les puede agredir que pongamos un banner ahí, que le tiremos dardos diciéndole acosador, pero no les agrede escuchar que tres, cuatro, cinco mujeres más están hablándolo. Yo en mis alegatos finales lo dije: esta, aunque nosotros seamos las demandadas, esta es la única posibilidad judicial que tenemos de ser escuchadas como estudiantes y de que escuchen lo que sucede en la Universidad de El Salvador. Porque qué es lo que pasa en las instancias judiciales, si vos no tenés pruebas, vos no podés instalar un proceso. 

¿Vos creés que el sistema no está diseñado para las denuncias de acoso?

No, y vos cómo vas a tener pruebas si el día que te acosaron, vos no te levantaste pensando: me voy a llevar mi cámara lista para que me acosen. No vamos a clases pensando en eso. ¿Tendríamos que tener una cámara instalada en alguna parte del cuerpo o qué? Entonces yo creo que sí, las acciones simbólicas que hemos hecho han tenido peso, porque es un caso conocido. Y porque aunque yo sea la condenada, el acosador, el señalado de acoso, aunque no sea condenado, siempre va a ser él. 

¿Han ganado algo ustedes con todo esto? 

Yo creo que sí. Hemos ganado que las mujeres comiencen a hablar también. Hemos ganado que se rompa el silencio. Y también creo que es importante el precedente judicial que se pueda presentar, si nosotras ganamos la apelación también, porque esto tiene que ver no solamente con mujeres ya adultas, si no con lo de las niñas y de cómo se resuelven los delitos sexualesa nivel general. Es como toda una, todo una metafísica de pensamiento que está instalada a nivel general. Es la cultura de la violación, verdad. Entonces así como tocar niñas no es delito para ellos, si no una falta, y al final nada y la castigada es la mamá y la niña que se fueron del país amenazadas, tampoco las estudiantes tenemos un derecho legítimo a estudiar. O sea, si queremos estudiar… ¿Vas a estudiar? Ah, entonces sabés qué, te van a acosar. No tenemos el derecho a estudiar libres de violencia, entonces para mí no existe tampoco el estado de derecho para nosotras. 

Si vos denunciaras ante el sistema judicial y te funcionara, y de verdad castigaran al agresor, vos no tuvieras necesidad de hacer el caso mediático y recurrir a otros tipos de justicia, pues. Porque también el símbolo de castigar a esa persona se trasladaría a lo social. Porque la importancia de la norma es esa, pues, la norma te señala lo que está bueno y lo que está malo; y si a vos no te castigan por ser acosador, es porque acosar está bien. Eso es básico incluso para esos jueces que son positivistas y que tanto “Kant, Kant, la norma”, la importancia de la norma. ¿Cuál es la importancia de la norma entonces, qué estamos diciendo cuando reafirmamos ese tipo de sentencias? Y por otra parte, ¿qué estamos castigando? Estamos castigando a una persona por no poder castigar a todas. Yo solo soy la muestra de lo que no se debe de hacer, porque si no te castigan. 

¿Qué esperás con la apelación? ¿realmente piensan que les resolverán a favor?

Mi mecanismo de defensa es no ilusionarme. Y pensar… quizá todas las posibilidades. Tenemos el apoyo de otras colectivas feministas porque sabemos que el ataque no es solo a una, pues. Al final de todo se manifiesta en mi persona porque necesitás individualizar, pero en realidad, la jurisprudencia te genera un resultado negativo no solo para mí, si no para todas las mujeres en general y para el movimiento feminista. Para las mujeres defensoras de derechos humanos, porque yo he sido condenada en mi labor de derechos humanos, que no ha sido reconocido por una jueza.

¿Entonces qué van a hacer las Amorales en los próximos años? 

Nosotras seguimos acompañando este año a mujeres que quieren denunciar públicamente. Seguimos recopilando casos de este hombre porque hemos encontrado testimonios desde 1994.  Hemos decidido que no podemos detenernos en la denuncia, en el acompañamiento de las víctimas.

Publicado por monicamps

Periodista, videógrafa y feminista salvadoreña.

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